Padre nuestro

Jun 17, 2020Reflexión

Padre nuestro. Es el nombre que se le dio a  una hermosa oración contenida en Los Evangelios, a través de la cual Jesús enseña a sus discípulos a orar.

Toma ese nombre porque así comienza la oración y porque es la manera como deberíamos dirigirnos a Dios. Eso supone que considero a Dios como mi Padre y yo su hijo. La pregunta es: ¿verdaderamente lo soy?

Mi papá

En el plano de las relaciones humanas, el vínculo parental, padre-hijo, tiene sus complejidades. Desde las afectivas, semánticas hasta legales. Veamos: se dice que padre es el que cría, no el que engendra. Desde la perspectiva biológica no es así, toda vez que un examen de ADN, determina paternidad.

Si la paternidad es  determinada por un examen bioquímico; desde el punto de vista legal, el individuo es el padre aunque no lo haya sabido o lo niegue.

Por otra parte si un padre reclama la paternidad y puede probarla, no será padre si el hijo no lo considera como tal, aunque  lo haya criado. Será solamente: “padre biológico”.

Hay hombres que sin tener ninguna posibilidad de reclamar paternidad, les es otorgada en virtud de cumplir  con tareas y rol de padre, pero por sobre todo por amar como a hijo o hija propio a quien, habiendo adoptado legalmente o no, lo llaman papá.

Debemos reconocer qué hay papás malos, otros no tan malos y los que esperaron con ansias a ese hijo o hija, que fue su mayor alegria tenerlo en sus brazos, que con esfuerzo trataron de colaborar cambiando pañales o dado comida.

Que aconsejaron, enseñaron, corrigieron, permitieron y buscaron dar alegrias y proveer sustento. A todos, a los que supieron serlo, a los que no pudieron, a los que lo intentaron. Gratitud y reconocimiento.

Vuestro padre

En cuanto a la pregunta del primer párrafo, pareciera casi obvio responder: Si, porque cuando decimos que todos somos hijos de Dios, estamos entendiendo que hay un principio de igualdad de los seres humanos frente a Dios.
Quedamos todos en la misma condición, sin discriminaciones, lejos de posiciones xenofóbicas u homofóbicas.

En algún momento de su ministerio,  Jesús tiene una discusión con algunos judios sobre el árbol genealógico de ellos, que sostenían con orgullo ser del linaje de Abraham, porque verdaderamente lo eran.

En este tema de paternidad, Jesús les  reconoce el linaje; pero, les dice que sólo es por consanguineidad, porque en cuanto a los principios del patriarca estaban muy lejos de ser sus hijos.

Entonces argumentan que no sólo eran hijos de Abraham: “un padre tenemos que es Dios.” En otras palabras  le dicen al Maestro que independientemente de si eran o no de la progenie de patriarca, ellos igualmente eran hijos de Dios.

La respuesta de Jesús sorprende: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo…” (Juan 8:44). Tan ignominiosa les parecieron estas palabras del Galileo a esos judios, que lo acusaron de estar endemoniado y quisieron apedrearlo.

Hijos de quién

Formulo nuevamente la pregunta cuya respuesta parecía tan obvia: ¿somos verdaderamente hijos de Dios? ¿Cuál sería nuestra reacción si digo que somos hijos del diablo? Pues, lo somos. Creer que somos hijos de Dios por creación, sería equivalente a pensar que el pecado nunca existió. Todos somos buenos.

Creer eso es ignorar que se produjo un abismo entre el hombre y la Divinidad, pero  por la revelación de la Palabra de Dios, sabemos que el hombre en el pleno uso de todas sus facultades y del más absoluto libre albedrío le dice al Señor: tú no eres nuestro Padre.

Sé que sorprende y hasta desagrada pensar que  somos hijos del diablo,  pero sí aquellos judios no eran hijos del Patriarca,  porque se habían apartado del Dios de Abraham, tampoco nosotros lo somos. Esa relación se rompió cuando libre y conscientemente nos alejamos del Creador, nos escondimos de su presencia y elegimos otro padre.

Esa actitud de rechazo al Padre ha sido y sigue siendo la de muchos hasta ahora. Sin siquiera querer conocerlo, dicen no creer en Él o hacerlo a su manera. Otros,  se engañan diciendo: “un padre tenemos que es Dios”.

Jesús no estaba resistiendo a ese grupo de Judios con los que habló, sólo recordándoles  su elección y condición, porque en el mismo momento que era rechazado en el Edén, Dios, extendió su mano a la humanidad, ofreciendo a través de su propio Hijo, restablecer el lazo filial parental.

Mi Padre

No somos hijos de Dios a menos que lo aceptemos como Padre. El apóstol Juan  se maravilla ante esta verdad exclamando: “Mirad cuál amor nos ha dado el padre para que seamos llamados hijos de Dios”. Seamos llamados, considerados tratados como  hijos, no por derecho ni por genealogía. Por Amor.

Si tienes la dicha de tener un padre, abrázalo, si lo tuviste, recuérdalo. Si no fue lo que hubieras querido, perdónalo, porque felizmente todos podemos tener un buen Padre.

Eres hijo o hija de aquel que con amor consideres Padre, de aquel en quien confíes, de quien te sustente, de quien te aconseje, de aquel al que te diriges diciendo: Padre nuestro.

 

 

 

Un libro de orientación espiritual que nos permite aprender de aspectos teológicos y religiosos muchas veces desconocidos, tergiversados e incluso olvidados. Si bien sus enseñanzas están fundadas principalmente en la Biblia, no tiene un objetivo proselitista, ni busca ser una apología de las enseñanzas de las Escrituras. Así, pretende contribuir a conocer aspectos espirituales reales de la vida diaria, que produzcan paz interior.

Disponible en Amazon en formato físico con envío a todo el mundo y en iBooks en formato electrónico.

1 Comentario

  1. alex

    Muy bueno

    Responder

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Un libro de orientación espiritual que nos permite aprender de aspectos teológicos y religiosos muchas veces desconocidos, tergiversados e incluso olvidados. Si bien sus enseñanzas están fundadas principalmente en la Biblia, no tiene un objetivo proselitista, ni busca ser una apología de las enseñanzas de las Escrituras. Así, pretende contribuir a conocer aspectos espirituales reales de la vida diaria, que produzcan paz interior.

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